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Còmo discutir constructivamente con el hombre que uno ama

Para tener éxito a la hora de discutir y hasta pelear con la pareja, es necesario conocer una serie de consejos prácticos tanto cuando se hace una acusación como cuando se recibe. A continuación algunos de estos consejos.

Cuando se hace la acusación
El propósito de una acusación es resolver un problema. No las haga por gusto.

El problema debe ser verdaderamente importante para usted. No se permiten acusaciones por tonterías que en realidad no son cruciales para su bienestar emocional.

Las acusaciones deben hacerse una por una. Si bombardea a su hombre con quejas, él se molestará tanto que no podrán solucionar ninguno de los problemas.

Haga acusaciones específicas. Sea clara al explicar qué le molesta de la otra persona. En lugar de decir “No me gusta cómo te comportas en las fiestas”, diga: “En la fiesta de anoche me dejaste sola más de media hora mientras conversabas con tus amigotes. Yo no conocía a nadie y me sentí muy incómoda.”

También sea específica en cuanto a lo que desea. Ofrezca usted misma una solución. Por ejemplo: “Hubiera preferido que los invitaras a nuestra mesa o que me hubieras dejado acompañarte.”

Haga acusaciones realistas. ¡No se permiten exageraciones! Decir “Siempre llegas tarde a nuestras citas”, o “Nunca quieres ir a casa de mis padres”, cuando en realidad sólo sucede de vez en cuando (aunque sea más a menudo de lo que usted quisiera), provocará una respuesta hostil y defensiva, contribuyendo aun más a la agresividad de ambos.

No insulte. El propósito de una acusación es resolver un problema, no servir de excusa para maltratar verbalmente a su Hombre. Tampoco saque a relucir viejas quejas (“Te perdoné aquella mentira que tanto me hizo sufrir, pero no voy a ser tan comprensiva ahora…”). Sacarle “los trapitos sucios” a alguien en medio de una discusión es darle un golpe bajo.

Escoger cuidadosamente sus palabras. Es más considerado —¡y efectivo!— decir “Me siento ofendida” que “Me ofendiste”. Recuerde que lo importante aquí es expresar sus sentimientos, no provocar una reacción negativa en su contrincante.

No acuse a su hombre de algo que usted también hace. Por ejemplo, si usted acostumbra gastar cierta cantidad de dinero mensualmente en darse gustos personales (como ropa, zapatos o perfume), no tendrá moral para acusar a su esposo de “derrochar la plata en tonterías” cuando él se compra un nuevo juego de herramientas. Quizás a usted le parezca inútil esa compra, pero dése cuenta de que seguramente él piensa lo mismo cada vez que usted se estrena un par de zapatos.

Está terminantemente prohibido leerle la mente a su compañero (“Sé muy bien cuáles son tus intenciones” Sólo piensas en herirme”, “Lo que te pasa es que estás celoso”, etc.). Es muy mala táctica suponer que sabe lo que él quiere decir o lo que piensa, ya que si usted no acierta —y es muy probable que no lo haga, pues por muy bien que crea conocerlo usted no es telépata ni mucho menos—, sólo logrará empeorar la situación (él se enojará tanto que comenzará a contraatacar).

Al acusar, preste atención a su tono de voz y sus expresiones faciales. Es muy fácil convertir una frase aparentemente inofensiva en un insulto sarcástico e hiriente con sólo acentuar el tono de voz o hacer un gesto despectivo. “En ese caso, la excusa ‘¡Pero si no te he dicho nada malo!’ no es válida”.

Controle la frecuencia de sus acusaciones. No se vuelva una regañona constante… no la tomarán en cuenta el día que tenga una queja realmente seria.

Busque el momento adecuado para hacer su acusación. No comience una riña cuando la otra persona esté disgustada o cuando usted sepa que no es buen momento.

Conozco a una pareja, por ejemplo, en la que el hombre padece de gastritis. Para él, la hora de la comida es “sagrada”, ya que si se disgusta mientras come, no digiere bien y sufre de dolores estomacales y acidez. Su esposa sabe esto y, sin embargo, reincide en comenzar las discusiones precisamente durante la cena. Desde luego, el resultado es terrible: él no sólo se molesta por la disputa en sí, sino además por la falta de consideración de su mujer. A esto se une el malestar físico de él y el cargo de conciencia de ella por haber provocado su enfermedad… En fin, que se crea un desastre familiar.

Cuando un tema es especialmente candente, o cuando acaba de suceder algo que la ha enfurecido a usted o a su hombre, muchas veces es conveniente posponer la discusión hasta un momento en que ambos estén más calmados. También resulta sensato interrumpir una pelea que se esté volviendo demasiado violenta.

Consejos prácticos que debe seguir si usted es la acusada:
No niegue la validez de una acusación; mejor, pida evidencia que la compruebe y sugerencias para encontrar una solución. Esta es una de las reglas más difíciles de cumplir, pues muy pocas personas pueden controlar la tentación de gritar “¡Eso no es cierto!” ante una acusación que consideran injusta. Sin embargo, si lo logra, estará dando un paso importantísimo hacia las peleas constructivas.

Si su hombre la acusa de egoísta, por ejemplo, no le conteste algo melodramático como “¡Parece mentira que seas tan injusto!” En vez de eso, dígale: “Tal vez lo haya sido sin darme cuenta. ¿Qué he hecho específicamente que ha sido egoísta? ¿Cómo crees que podría mejorar mi actitud?”

De esta forma, le da a él la oportunidad de expresar su queja de manera concreta, sin que pueda recurrir a la excusa de que usted monta en cólera cada vez que éi le habla. Cuando él presente la evidencia que usted pide, analícela fríamente. Trate de ponerse en su lugar y escúchelo con calma. Si, por otra parte, él no puede darle ningún ejemplo de su supuesto egoísmo, pídale que repita su acusación en otra ocasión, cuando tenga pruebas que presentar.

No interrumpa. Para pelear constructivamente hay que saber escuchar… y una de las reglas principales sin esto es no caer en la tentación de interrumpir para dar una opinión, preguntar algo o contraatacar. Muéstrese interesada y escuche las acusaciones de su hombre lasta el final. Si tiene algo que clarificar, hágalo sólo cuando él haya terminado de hablar.

No use la acusación como excusa para insultar o menospreciar a su contrincante. Aquí se aplica lo mismo que se aplicó para el acusador. No conteste con frases hirientes que saque “trapitos sucios”. Es inaceptable responder “Bueno, yo seré egoísta, pero tú eres un botarate irresponsable; todavía estamos pagando las cuentas de tu último caprichito”. Aunque lo piense, ¡guárdeselo!

Recuerde que el propósito de la discusión es resolver un problema, no jugar a quién-ofende-más-a-quién.

Por último, aunque el acusador rompa las reglas, no lo haga usted también. Mientras uno de los dos siga ecuánime, existe la posibilidad de encontrar una solución. Si ambos pierden los estribos, no llegarán a nada positivo.

 

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